viernes, 29 de enero de 2016

Educacion en la Nueva España

Los colegios en la Nueva España formaron parte del proyecto humanista de convertir a los indígenas al cristianismo, y estas actividades contribuyeron a la conservación de la paz y la tranquilidad del reino.

Para este proyecto humanista los frailes destinaron un tiempo y un local al lado de la iglesia para iniciar a los niños en la doctrina cristiana, además les enseñaban a leer, escribir, cantar, tocar instrumentos musicales, ayudar a la misa, atender la sacristía y, en especial de acuerdo a Torquemada (1975), llevar una vida en común y fabricar cuerpos sanos que garantizaran la sumisión y obediencia para la limpia reproducción del reino.

Los colegios marcaron enfáticamente la división para atender a los hijos de los conquistadores y a los hijos de los conquistados, pero además en éstos últimos existió la separación para educar a los hijos de los pudientes y a los de los indigentes.

Prueba de lo anterior es que entre 1526 y 1527 se fundaron dos tipos de colegios; uno para transformar a los hijos de la nobleza indígena en caballeros de la nobleza novohispana y otro para que los hijos de labradores y gente plebeya aprendieran la doctrina cristiana, las artes y los oficios.

En el mismo lugar donde había funcionado el Calmecac o escuela de los hijos de los principales mexicanos y de donde había partido la más feroz oposición militar contra los españoles, se fundó en 1536 el colegio de Tlaltelolco, que fue un modelo de conversión abrigado por los franciscanos.

En Tlaltelolco se reclutó a jóvenes de las distinguidas familias de los tiempos precoloniales y se formaron a los primeros religiosos cristianos indígenas imponiéndoles una rigurosa disciplina.

Con relación a las mujeres se inició con las hijas de la nobleza indígena para enseñarles la doctrina cristiana y las buenas costumbres como si fueran monjas, pues sólo salían de la clausura para enseñar a otras mujeres en los patios de las iglesias o en las casas de las señoras.

El colegio de la Caridad se fundó en 1538 para españolas y mestizas de todas las edades, con la idea de que salieran directamente a la boda, se les enseñaba a cantar, rezar, los salmos, la misa y en especial el taller de labores femeninas, todo esto se realizaba en silencio y devoción.

En este colegio se debían tratar las alumnas entre sí con amor y caridad, procurando que no hubiera disensiones ni palabras injuriosas. Si no obedecían a su rectora se le informaba al cabildo y podían recibir castigos, perder su dote y ser expulsadas.

Mención especial merece la educación que impartieron en la Nueva España los jesuitas, quienes introdujeron la idea tridentina de la educación integral: de la mente, el espíritu y la conducta; más escolarizada para las familias novohispanas acomodadas, como los hijos de hacendados, mineros, ganaderos, comerciantes y altos funcionarios. Menos escolarizada para los indígenas, las mujeres, los enfermos, los presos, campesinos y los negros.

Para los jesuitas, lo más importante era el fin y no los medios, lo sustancial y no lo periférico, de modo que la elocuencia, el cálculo, la casuística, la simulación y el disimulo constituyeron valiosos instrumentos en la educación de los futuros dirigentes. 

En ceremonias y días especiales los estudiantes se distinguían por sus escenificaciones teatrales, sus diálogos y declamaciones en latín y romance, en prosa y verso, lo cual animaba a muchos padres a enviar a sus hijos a estudiar con la compañía de Jesús.

Por otra parte es importante señalar que en el colegio de San Pedro y San Pablo se formaron a los futuros sacerdotes y rectores de las iglesias, y en el colegio de San Ildefonso a los futuros integrantes de los ministerios de la república.

A inicios del siglo XVI antes del concilio de Trento, en España había existido cierta libertad para criticar a las instituciones y a las personas que las integraban, después de este concilio, el clima cambió y la apatía intelectual, el moralismo fanático y el amaneramiento barroco fueron predominantes en la religión.

En los centros educativos se impusieron las reglas, los programas y los materiales de estudio. La reflexión e incluso el uso del sentido común quedaron anulados, en su lugar se instaló la práctica de la memorización, la repetición y la erudición consistente en manejar alusiones a la mitología y a la antigüedad grecorromana.

Los colegios en la Nueva España formaron parte del proyecto humanista de convertir a los indígenas al cristianismo, y estas actividades contribuyeron a la conservación de la paz y la tranquilidad del reino.

Para este proyecto humanista los frailes destinaron un tiempo y un local al lado de la iglesia para iniciar a los niños en la doctrina cristiana, además les enseñaban a leer, escribir, cantar, tocar instrumentos musicales, ayudar a la misa, atender la sacristía y, en especial de acuerdo a Torquemada (1975), llevar una vida en común y fabricar cuerpos sanos que garantizaran la sumisión y obediencia para la limpia reproducción del reino.

Los colegios marcaron enfáticamente la división para atender a los hijos de los conquistadores y a los hijos de los conquistados, pero además en éstos últimos existió la separación para educar a los hijos de los pudientes y a los de los indigentes.

Prueba de lo anterior es que entre 1526 y 1527 se fundaron dos tipos de colegios; uno para transformar a los hijos de la nobleza indígena en caballeros de la nobleza novohispana y otro para que los hijos de labradores y gente plebeya aprendieran la doctrina cristiana, las artes y los oficios.

En el mismo lugar donde había funcionado el Calmecac o escuela de los hijos de los principales mexicanos y de donde había partido la más feroz oposición militar contra los españoles, se fundó en 1536 el colegio de Tlaltelolco, que fue un modelo de conversión abrigado por los franciscanos.

En Tlaltelolco se reclutó a jóvenes de las distinguidas familias de los tiempos precoloniales y se formaron a los primeros religiosos cristianos indígenas imponiéndoles una rigurosa disciplina.

Con relación a las mujeres se inició con las hijas de la nobleza indígena para enseñarles la doctrina cristiana y las buenas costumbres como si fueran monjas, pues sólo salían de la clausura para enseñar a otras mujeres en los patios de las iglesias o en las casas de las señoras.

El colegio de la Caridad se fundó en 1538 para españolas y mestizas de todas las edades, con la idea de que salieran directamente a la boda, se les enseñaba a cantar, rezar, los salmos, la misa y en especial el taller de labores femeninas, todo esto se realizaba en silencio y devoción.

En este colegio se debían tratar las alumnas entre sí con amor y caridad, procurando que no hubiera disensiones ni palabras injuriosas. Si no obedecían a su rectora se le informaba al cabildo y podían recibir castigos, perder su dote y ser expulsadas.

Mención especial merece la educación que impartieron en la Nueva España los jesuitas, quienes introdujeron la idea tridentina de la educación integral: de la mente, el espíritu y la conducta; más escolarizada para las familias novohispanas acomodadas, como los hijos de hacendados, mineros, ganaderos, comerciantes y altos funcionarios. Menos escolarizada para los indígenas, las mujeres, los enfermos, los presos, campesinos y los negros.

Para los jesuitas, lo más importante era el fin y no los medios, lo sustancial y no lo periférico, de modo que la elocuencia, el cálculo, la casuística, la simulación y el disimulo constituyeron valiosos instrumentos en la educación de los futuros dirigentes. 

En ceremonias y días especiales los estudiantes se distinguían por sus escenificaciones teatrales, sus diálogos y declamaciones en latín y romance, en prosa y verso, lo cual animaba a muchos padres a enviar a sus hijos a estudiar con la compañía de Jesús.

Por otra parte es importante señalar que en el colegio de San Pedro y San Pablo se formaron a los futuros sacerdotes y rectores de las iglesias, y en el colegio de San Ildefonso a los futuros integrantes de los ministerios de la república.

A inicios del siglo XVI antes del concilio de Trento, en España había existido cierta libertad para criticar a las instituciones y a las personas que las integraban, después de este concilio, el clima cambió y la apatía intelectual, el moralismo fanático y el amaneramiento barroco fueron predominantes en la religión.

En los centros educativos se impusieron las reglas, los programas y los materiales de estudio. La reflexión e incluso el uso del sentido común quedaron anulados, en su lugar se instaló la práctica de la memorización, la repetición y la erudición consistente en manejar alusiones a la mitología y a la antigüedad grecorromana.
Los colegios en la Nueva España formaron parte del proyecto humanista de convertir a los indígenas al cristianismo, y estas actividades contribuyeron a la conservación de la paz y la tranquilidad del reino.

Para este proyecto humanista los frailes destinaron un tiempo y un local al lado de la iglesia para iniciar a los niños en la doctrina cristiana, además les enseñaban a leer, escribir, cantar, tocar instrumentos musicales, ayudar a la misa, atender la sacristía y, en especial de acuerdo a Torquemada (1975), llevar una vida en común y fabricar cuerpos sanos que garantizaran la sumisión y obediencia para la limpia reproducción del reino.

Los colegios marcaron enfáticamente la división para atender a los hijos de los conquistadores y a los hijos de los conquistados, pero además en éstos últimos existió la separación para educar a los hijos de los pudientes y a los de los indigentes.

Prueba de lo anterior es que entre 1526 y 1527 se fundaron dos tipos de colegios; uno para transformar a los hijos de la nobleza indígena en caballeros de la nobleza novohispana y otro para que los hijos de labradores y gente plebeya aprendieran la doctrina cristiana, las artes y los oficios.

En el mismo lugar donde había funcionado el Calmecac o escuela de los hijos de los principales mexicanos y de donde había partido la más feroz oposición militar contra los españoles, se fundó en 1536 el colegio de Tlaltelolco, que fue un modelo de conversión abrigado por los franciscanos.

En Tlaltelolco se reclutó a jóvenes de las distinguidas familias de los tiempos precoloniales y se formaron a los primeros religiosos cristianos indígenas imponiéndoles una rigurosa disciplina.

Con relación a las mujeres se inició con las hijas de la nobleza indígena para enseñarles la doctrina cristiana y las buenas costumbres como si fueran monjas, pues sólo salían de la clausura para enseñar a otras mujeres en los patios de las iglesias o en las casas de las señoras.

El colegio de la Caridad se fundó en 1538 para españolas y mestizas de todas las edades, con la idea de que salieran directamente a la boda, se les enseñaba a cantar, rezar, los salmos, la misa y en especial el taller de labores femeninas, todo esto se realizaba en silencio y devoción.

En este colegio se debían tratar las alumnas entre sí con amor y caridad, procurando que no hubiera disensiones ni palabras injuriosas. Si no obedecían a su rectora se le informaba al cabildo y podían recibir castigos, perder su dote y ser expulsadas.

Mención especial merece la educación que impartieron en la Nueva España los jesuitas, quienes introdujeron la idea tridentina de la educación integral: de la mente, el espíritu y la conducta; más escolarizada para las familias novohispanas acomodadas, como los hijos de hacendados, mineros, ganaderos, comerciantes y altos funcionarios. Menos escolarizada para los indígenas, las mujeres, los enfermos, los presos, campesinos y los negros.

Para los jesuitas, lo más importante era el fin y no los medios, lo sustancial y no lo periférico, de modo que la elocuencia, el cálculo, la casuística, la simulación y el disimulo constituyeron valiosos instrumentos en la educación de los futuros dirigentes. 

En ceremonias y días especiales los estudiantes se distinguían por sus escenificaciones teatrales, sus diálogos y declamaciones en latín y romance, en prosa y verso, lo cual animaba a muchos padres a enviar a sus hijos a estudiar con la compañía de Jesús.

Por otra parte es importante señalar que en el colegio de San Pedro y San Pablo se formaron a los futuros sacerdotes y rectores de las iglesias, y en el colegio de San Ildefonso a los futuros integrantes de los ministerios de la república.

A inicios del siglo XVI antes del concilio de Trento, en España había existido cierta libertad para criticar a las instituciones y a las personas que las integraban, después de este concilio, el clima cambió y la apatía intelectual, el moralismo fanático y el amaneramiento barroco fueron predominantes en la religión.

En los centros educativos se impusieron las reglas, los programas y los materiales de estudio. La reflexión e incluso el uso del sentido común quedaron anulados, en su lugar se instaló la práctica de la memorización, la repetición y la erudición consistente en manejar alusiones a la mitología y a la antigüedad grecorromana.

Educacion en Mesoamerica


Las culturas como la zapoteca, la maya o la teotihuacana no transmitían sus conocimientos y formaban las conciencias de su población infantil y juvenil por medio de la escuela. Mas aún, no es verosímil, que pueblos mucho más antiguos como el olmeca, hayan carecido de instituciones dedicadas a transmitir el conocimiento e inculcar los valores y las tradiciones a los hijos.

Los conquistadores investigaron las formas de vida, creencias, instituciones e historia mexicas y registraron la información en español, en letra latina. Por su parte los indígenas aprendieron el sistema fonético latino y lo utilizaron para transcribir al papel su historia y sus tradiciones en su propia lengua. A partir de estos escritos conocemos con un poco de detalle la vida mesoamericana.

El culto a los dioses iba ligado al trabajo, un trabajo en el que se instruía al ser humano, con discursos elaborados, a partir del nacimiento y hasta el momento en que el cadáver era despedido de los suyos en los ritos mortuorios, entendiéndose que, para los mexicas, el alma del niño y el cuerpo del difunto estaban capacitados para escuchar y atender lo que se les decía en aquellas floridas piezas de oratoria. 




El maestro cumplía un papel protagónico en la sociedad, y era un personaje de gran aprecio en la sociedad mexica. Los Tlamitinime eran los maestros que humanizaban los rostros, que era la manifestación de un yo que se ha ido adquiriendo y desarrollando por la educación. Pensaban que con la educación se hacían los sabios, los rostros ajenos y se humanizaba el corazón de la gente. Con el espejo que les ponían delante para hacerlos cuerdos y cuidadosos, se les daba a su personalidad. Se llamaba la Ixtlamachiliztli, a la acción de dar sabiduría.

En cuanto a la formación del niño y la niña mexica, eran consagrados unos a la preparación militar y otros a los estudios de la ciencia y el sacerdocio. A los niños varones, desde pequeños, los padres procuraban llevarlos al maestro del Calmécac o el Tepochacalli, para inscribirlos y prometerlos en cualesquiera de las dos escuelas. Con objeto de que llegado el momento entrasen a ellas después de los ocho años. Los hijos de los nobles iban al Calmecac para consagrarlos a Quetzalcóalt y al estudio que los prepararía para el sacerdocio y puestos elevados de administración pública y jurídica. Era vida de penitencias rigurosas, de ayunos y renunciamientos.

Los consagrados a Tezcatlipoca en el Tepochcalli, en donde básicamente se entrenaba a los jóvenes para la guerra, llevaban una vida menos rigurosa. Pero si algún estudiante se distinguía, podía pasarse al Calmecac.


El Tepochcalli ("casa de jóvenes") era la escuela a la que iban casi todos los plebeyos. Eran muy numerosos, pues se dice que existían diez o quince en cada barrio.

El Calmécac (“lugar de la hilera de casas”) era la escuela destinada a la nobleza, aunque no en forma exclusiva.  Estas escuelas no eran tan abundantes, pues solo había siete en la ciudad.

La disciplina y el contenido de la educación en el Calmécac eran muy distintos a los del telpochalli. En ambas escuelas se tomaba en cuenta, desde los primeros años, la posición que el individuo ocuparía como adulto en la sociedad. La educación tenía como propósito fundamental, formar la personalidad del individuo, lo cual se expresaba en lengua náhuatl como "in ixtli, in yollotl", "alcanzar el rostro y el corazón".

El noble iba a prepararse en todos aquellos campos que le permitieran actividades de dirección. Lo primero era la educación en el campo del mando político. Los nobles aprendían a regir, y en su preparación ocupaba un lugar muy importante la retórica, como es obvio en un pueblo al que los discursos emocionaban hasta las lágrimas. También se incluían las actividades de alta tecnología, entre ellas la construcción de obras hidráulicas o monumentales, actividades en que las fuentes señalan a los más altos personajes. En materia religiosa era fundamental el manejo de los cómputos calendáricos, entre los que destacan dos ciclos: el de 365 días, de carácter agrícola religioso, dividido en 18 "meses" en los que quedaban distribuidas las principales fiestas del culto, y el de 260 días, adivinatorio.

En el telpochcalli, aunque la educación religiosa era muy importante, se hacía hincapié en el trabajo y en las actividades militares. Esto tenía también el carácter de beneficio para la colectividad.

Los niños, desde edad temprana participaban en los combates. Eran los encargados de cargar el matalotaje de los guerreros, en la medida de su vigor físico. Con frecuencia un militar experimentado, persona hábil escogida por el padre del menor, le servía como instructor en el campo de batalla, mientras el niño actuaba como su ahijado o escudero. Los novatos veían la lucha desde lugares seguros; pero su afán aventurero y su deseo de iniciar el ascenso jerárquico los impulsaba a lanzarse, en grupos de tres, cuatro o cinco, a sorprender a algún enemigo en desventaja. Si podían dominarlo, capturándolo vivo, obtenían su primera posición prestigiosa y pedían que se les cortara un mechón de pelo que, como señal infamante, llevaban los que nunca se habían distinguido en el combate. Su peinado sería ahora diferente, honorífico: se les rapaba toda la cabeza, con excepción de un mechón que caía sobre una de las orejas. Ya no volverían a ser simples cargadores en la guerra, y tendrían autoridad como maestros de sus compañeros más jóvenes. Sin embargo, no se les permitía atrapar otra vez en grupo a un enemigo; la siguiente acción guerrera debía ser una proeza individual. Se les decía que si la captura del enemigo se realizaba de nuevo en grupo, les dejarían crecer un mechón sobre la otra oreja, lo que no era muy atractivo en los varones, pues era éste un peinado femenino.



 La diferencia de educación de los niños plebeyos y los nobles, estaba en razón directa de las responsabilidades y privilegios que tendrían los estudiantes en su vida adulta. En primer lugar, había una gran continuidad en la especialidad familiar de trabajo: por regla general, existía la rigidez de la herencia paterna en el desempeño de las profesiones, y buena parte de la transmisión de los oficios era una actividad educativa doméstica.

En cuanto a la educación formal, había una enorme distinción en cuanto al rigor disciplinario del telpochcalli y el calmécac. El niño plebeyo, al tener que auxiliar a su familia desde edad muy temprana en las actividades económicas, entre ellas las agrícolas, tenía más facilidad para entrar y salir con frecuencia del templo-escuela. Llegado a la madurez sexual, el joven tenía ciertas libertades, como la de pasar ocasionalmente la noche fuera del templo.

En cambio para el niño noble la vida era muy dura: en primer lugar, al menos en el plano normativo e ideal, tanto la muchacha como el joven nobles eran castos. La virginidad, incluida la masculina, era muy apreciada entre los mexicas, y una de las virtudes que se estimaban en el guerrero era su alejamiento de la carnalidad. Los jóvenes y las doncellas nobles vivían encerrados en sus escuelas, sometidos a una estricta vigilancia. Si algún muchacho era sorprendido en aventuras amorosas, se le chamuscaban los cabellos, se le lanzaba a la calle y nunca más podía volver con sus compañeros de escuela.

 En cuanto al trato de los niños nobles en las escuelas, las fuentes documentales dicen que los alimentos que les llegaban de sus casas no eran entregados específicamente a un destinatario familiar, sino que se distribuían entre todos, arrojándoles la comida para que aprendieran a ser humildes.

La diferencia en el trato iría a ser un argumento más que los nobles esgrimirían para ejercer las actividades directrices de la sociedad, y a partir de ellas, para gozar de una vida adulta privilegiada. Ostentaban sus poderes y prerrogativas justificándolos por distintas vías: el ser descendientes de un dios patrono, Quetzalcóatl, que les había legado la función del mando; el pertenecer a linajes de hombres que, supuestamente, habían cumplido sus obligaciones con responsabilidad, habilidad y moralidad extremas a través de todas las generaciones, y en tercer lugar, precisamente, el haber sido educados en el rigor los nobles y en la ligereza los plebeyos. 


No había un solo niño que no tuviera la obligación de ir a la escuela. La enseñanza se daba a todos los miembros de la sociedad como un derecho y una obligación comunales. La obligación quedaba reforzada ideológicamente por medio de las creencias religiosas. Se creía que todo recién nacido que no era llevado al templo-escuela estaba en un grave peligro de perder la vida, pues carecía de la protección del dios tutelar. Era una especie de "inscripción" religiosa, basada en la creencia de que el individuo tenía varias almas, que era posible desprenderse de porciones de ellas y que las porciones quedaban comunicadas entre sí. El niño era llevado ante los sacerdotes del templo-escuela, que lo recibían en nombre del dios tutelar. Como los sacerdotes no podían quedarse al cuidado del recién nacido, lo devolvían a sus padres, pero retenían como prenda unas cuentas en las que se creía que estaba depositada una porción del alma de la criatura. En esta forma, a la distancia, el niño era protegido por el dios de su templo en tanto que llegaba a la edad apropiada para ingresar en calidad de sacerdotillo. El escolar encontraba en el templo una organización jerárquica. Había estrictas reglas de ascenso que permitían a los más dedicados ir alcanzando sitios que los iniciaban a una vida adulta también jerarquizada. Salían a la edad del matrimonio. La sociedad mexica, preocupada, como muchas otras sociedades militaristas, por la reproducción de sus miembros, daba un alto valor a la constitución de la familia. 

La forma normal de dejar la escuela era la solicitud del permiso para casarse. El celibato era muy mal visto, a menos de que se renunciara a la formación de una familia para hacer una carrera de maestro-sacerdote. En el ritual de salida se repetía el modelo de la dedicación a la escuela: se dejaba como prenda un hacha de piedra, y se creía que en ésta quedaba una parte del alma del antiguo alumno. Era señal de que, aunque casado e independiente, el hombre continuaba espiritualmente, para siempre, como uno de los sacerdotes de aquel templo.

La escuela femenina o Ichpochcalli ("casa de doncellas"), dedicada a distintos dioses, donde todas las doncellas de doce y trece años, a las cuales llamaban "las mozas de la penitencia", vivían en castidad y recogimiento, como doncellas diputadas al servicio de Dios, las cuales no tenían otro ejercicio que barrer y regar el templo, y hacer cada mañana de comer para el ídolo y para los ministros del templo, de aquello que se recogía como limosna. Entraban estas muchachas con el cabello corto, y desde que entraban dejaban crecer el cabello.


Era más mencionado el Cuicacalli ("casa-del canto"), al que iban los alumnos diariamente, desde su escuela, a recibir instrucciones de canto y danza. Estas actividades sobrepasaban una preparación puramente artística. El canto y la danza eran considerados en aquel tiempo formas muy elevadas de culto religioso, y el canto, en particular, una vía de transmisión del conocimiento, sobre todo el histórico.

El Cuicacalli era también la institución que introducía al individuo al trabajo comunal. Allí se distribuían a los alumnos, desde niños, las actividades tributarias: la siembra de los campos de beneficio colectivo, el batido de lodo con los pies para hacer adobes, la participación en la construcción de obras públicas.

Fuentes Primarias y Secundarias

Una fuente primaria es la fuente documental que se considera material de primera mano relativo a un fenómeno que se desea investigar o relatar; es decir materia prima que se tiene para realizar un determinado trabajo. En el caso de la historiografía, lo que en su tiempo ha servido como instrumento para construir la historia.

Las fuentes o informaciones secundarias son textos basados en hechos reales. Una fuente secundaria contrasta con una primaria en que esta es una forma de información que puede ser considerada como un vestigio de su tiempo. Una fuente secundaria es normalmente un comentario o análisis de una fuente primaria.




Tipos de Historia


1. SOBRE LA LEGITIMIDAD Y UTILIDAD DE LA HISTORIA.

Uno de los problemas del estudio histórico es el darle legitimidad a los hechos escritos o historiografía del pasado y para poder alcanzar este objetivo es precisamente encontrar que lo que se escribe realmente sucedió (Ranke). El que escribe la Historia es el historiador y este debe dar a conocer los hechos objetivamente. Así que el historiador tiene la responsabilidad de lo que escribe es verdad, ya que su ética se lo exige y también el servicio que ofrece a la sociedad. Un requerimiento para legitimar a la historia es que el historiador tiene que escoger entre las posibles fuentes; a las mejores para que el conocimiento sea meramente evidente. Esta situación de hacer legítimo el conocimiento histórico es difícil ya que a través del tiempo y más aun del lejano tiempo es casi imposible encontrar pruebas de los hechos. A pesar de tratar de encontrar la legitimidad de la historia no podemos hacer a un lado su objetivo. Podemos considerar que el objetivo de la historia es expresar el conocimiento histórico pero “El objetivo de la historia es esencialmente el hombre” (Bloch, 1946)1 y es este el principal objetivo y sujeto de estudio de la ciencia histórica. Otra situación que debemos abordar es sobre el uso que se le da a la historia. Primeramente quiero mencionar a la principal utilidad de la historia que es el uso pedagógico como enseñanza de la educación del hombre, ya que la historia es la generadora del conocimiento. Posteriormente, viene el debate sobre otras utilidades que se le da a la historia; “El problema de la utilidad de la historia, en sentido escrito, en el sentido pragmático de la palabra útil, no se confunde con el de su legitimidad propiamente intelectual”2 , que no debemos de olvidar la utilidad que da el historiador como creador del conocimiento histórico.

2. SOBRE LA HISTORIA ANTICUARIA. 

Para poder definir a la historia anticuaría no necesitamos hacer un gran esfuerzo intelectual, la podemos definir como el tipo de historia que recopila datos y hechos históricos para después poder conservarlos mediante la historiografía.  
 La historia anticuaría se divide en periodos “se contenta un orden espaciotemporal de los acontecimientos” (Gonzalez, 2005)4 , se divide en épocas como de Hierro, Piedra, Clásica, etcétera; que lo único que realizan es clasificar la historia del hombre para únicamente poder hacer uso de ella como una referencia bibliográfica. La única parte en la que la historia anticuaría contribuye al conocimiento es la de preservar y conservar el pasado como tal, el pasado mismo. A esta historia anticuaría, se le reconoce como la historia pasiva, la historia que no produce un debate, un cuestionamiento y está ahí, únicamente encajonada en esperar de que alguien le interese únicamente hojear el libro de Historia Universal por mera curiosidad. Esta historia no nos ayuda al acontecer actual, “La historia anticuaría impide la decisión en favor de lo que es nuevo, paraliza al hombre de acción” (Nietzshe) y lo que es mas inaceptable deja al hombre raquítico en realizar un esfuerzo mental.

3. SOBRE LA HISTORIA DE BRONCE.

 A causa de que los Estados-Nación se vieron en la necesidad de crear una identidad propia y particular de cada país por medio de personajes valientes que se entregaron por amor a su patria supuestamente. Los Estados crean figuras heroicas para que “recordar heroicidades pasadas servirían para fortalecer las defensas del cuerpo nacional”5 que permitieran crear una nacionalidad y un aprecio por parte del pueblo a los héroes y símbolos nacionales.  

4.- SOBRE LA HISTORIA CRÍTICA.

La historia crítica es la que particularmente prefiero y de la cual soy partidario, ya que es la historia que exhibe a la humanidad los acontecimientos y personajes detestables del pasado o lo que comúnmente se conoce como “los malos de la historia”.  
Este tipo de historia nos permite involucrarnos más allá del conocimiento mismo, así; “la historia critica podría llamarse con toda justicia conocimiento activo del pasado, saber que se traduce muy fácilmente en acción destructiva”8 y conocimiento activo porque es una historia de actualidad, es una crítica que se hace a la historia misma; y que esto no se preste a interpretaciones incoherentes sino todo lo contrario, coherentes.

5.- SOBRE LA HISTORIA CIENTÍFICA 

Los académicos e investigadores dedicados a la ciencia histórica se han preocupado por darle a la historia precisamente el carácter y nivel de ciencia. Para  lo cual los historiadores han recurrido a métodos de las ciencias sociales para tratar de adecuarlos al estudio del pasado de la humanidad. Pero hacer posible la cientificidad de la historia es un factor muy difícil de conseguir puesto que los historiadores deben de trabajar en un sentido de neutralidad que les permita renunciar a sus intereses y juicios personales. Y esta neutralidad no es posible porque dejaría al individuo social como paralizado en su esfuerzo intelectual.

6.- SOBRE LA HISTORIA AL SERVICIO DEL PODER POLÍTICO.

 Este apartado tiene mucha relación con la historia de Bronce, solo que en este capítulo tratare más a fondo la cuestión política-historia. En el campo del desarrollo del poder político en las naciones tiene importancia la utilización de la historia, “su utilidad ideológico-política del conocimiento histórico a las urgencias más inmediatas”12, para que se le de credibilidad a las acciones de los políticos actuales. Debemos mencionar que “la recuperación del pasado ha sido primordialmente política; una incorporación intencionada y selectiva del pasado lejano e inmediato, adecuada de los intereses del presente para juntos moldearlo y obrar sobre el porvenir”13, para beneficio única y exclusivamente de la clase política.



Pensar Históricamente


Pierre Vilar

Es un historiador francés que nos ofrece en este libro titulado “Pensar históricamente” una autobiografía donde resume algunos de sus recuerdos personales mezclados con reflexiones sobre la historia tratando de responder algunas preguntas que se ha planteado a lo largo de su vida.

Lo común y lo sagrado

Vilar menciona constantemente como la religión desde siempre tiene lazos estrechos con lo político y como la historio grafía remite constantemente a la cuestión divina en sus escritos y como después aunque ya no se menciona tanto la cuestión religiosa considerada como lo sagrado se transforma en un amor por la patria.
Así en el texto se menciona mucho la alusión en los textos históricos a las cuestiones de las guerras, y como se entrelazan el hecho religioso y la vida social de manera constante, las confusiones presentadas y que debe de hacer el historiador para anteponer sus intereses para transmitir una visión de la historia con mas apego a la realidad comprobada y que a pesar de todo la cuestión religiosa sigue dominante e impregnada en la historia de nuestros tiempos.

Capitulo 1

Vilar nos cuenta los años difíciles en Europa producto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En la década de 1910 a 1920 en su adolescencia, muestra interés sobre la historia de su país, incluyendo la situación actual y pasada en que se vivía. 
Menciona recuerdos de su infancia y de familia, que siendo una vida difícil, aun así lograba salir adelante y poder hacer que se conozca profundamente sobre los sucesos en los que se vivía. 
En la ciudad se vivía un desorden, se dieron cuenta que Rusia había estallado en una Revolución. Los acontecimientos históricos marcaban cada vez más al ahora adolescente que vivía de lo que aprendía. Ponen ejemplos de cómo sucedían esos hechos tan importantes y que a lo largo de la historia nunca pierden la importancia.
En la ciudad se vivía un desorden, se dieron cuenta que Rusia había estallado en una Revolución. Los acontecimientos históricos marcaban cada vez más al ahora adolescente que vivía de lo que aprendía. Ponen ejemplos de cómo sucedían esos hechos tan importantes y que a lo largo de la historia nunca pierden la importancia.
Existían muchas diferencias entre las clases de la gente que aparecía en el contexto cultural, Vilar tenía una forma de vida más interesada a la historia, así que conocía muchos tipos de personas que le dejaban más conocimientos sobre lo mismo que él vivía.
Habla que los profesores que impartieron clases, a lo largo de su vida escolar, fueron parte muy importante en sus conocimientos e intereses, ya que siempre tuvo una buena relación con los profesores, le inculcaron muchos valores y conocimientos que más tarde le llegarían a servir como profesionista,

Capitulo 2

En este capitulo Vilar nos habla de su presencia en la Escuela Normal (École Normale) la cual es una institución en París fundada por la Convención Nacional, fue organizada a la manera napoleónica, laica, pero un poco convento y un poco cuartel, cada año entraban entre 15 y 30 normalistas de ciencias y entre 15 y 30 normalistas de letras. Durante ,mucho tiempo constituyeron un numero suficiente para la provisión de profesores para una enseñanza secundaria muy elástica.
La École Normale tenia que formar profesores de enseñanza secundaria, a partir de entonces nacional, y debía proveer y tomar a su cargo, para todas las grandes ciudades francesas, la formación de las clases dirigentes, sustituyendo en esta misión a los colegios religiosos, en particular a los jesuitas que la habían llevado hasta 1791. 

Durante mucho tiempo la educación francesa fue una educación de carácter burgués, es decir que costaba dinero, excepto para algunos hijos de funcionarios. 
Era una escuela que no era una escuela: no se impartían cursos magisteriales, no había aulas ni cátedras. Solo se organizaban algunos seminarios en pequeñas aulas. 
Un internado que no era internado: porque podíamos entrar y salir en cualquier momento del día o de la noche.

“No me imaginaba como historiador, sino como geógrafo, entonces hacia 1925 eligiendo ser un geógrafo, elegí ya aquello que se convertiría en mi, mas tarde en una especie de obsesión, la historia total, con la esperanza de una mejor comprensión del mundo contemporáneo” 

Recuerdo que a los pocos días de mi llegada a París, uno de mis antiguos profesores de historia de Montpellier, me enseño uno de los primeros volúmenes aparecidos de la colección titulada L’Evolution de l’humanité, el titulo me gusto. Resumía bien la materia de toda la ciencia humana: pensar históricamente la evolución de la humanidad.
Toda historia debe ser pensada sociológicamente, toda sociología debe ser pensada históricamente. Esta era la forma de pensar de la que seria llamada escuela de Annales.

“Ciertamente en el primer curso de orientación de Charles Seignobos, consiguió irritarme al decirnos que al elegir un tema de investigación no eligiéramos nunca un tema que nos interesara, porque si les interesa es que ya tienen una idea preconcebida y si es así, no serán historiadores positivos, historiadores imparciales”
No todo es falso ni absurdo en esta advertencia. El problema del investigador es el de tener conciencia y conocer el porque de su propio interés.

La École Normale nos facilitaba el acceso a grandes cosas. Particularmente, yo solo me aproveché de ello como espectador, nunca como participante activo o actor, en los círculos grandes o pequeños de la literatura o el teatro. 
Sobre Paris de los años locos, mi memoria se halla sobrecargada de imágenes de teatro, de cine, de ballet, de conciertos y literatura.

Durante los años 1925 y 1930 Vilar no formo parte de ningún partido ni socialismo, ni comunismo, pues no se consideraba lo suficientemente informado para hacerlo, sin embargo años mas tarde simpatizaría con las ideas del socialismo.
“En realidad , en mi larga estancia en la École Normale, solo me adherí una vea a una organización que llevaba una etiqueta política y fue precisamente la de socialista. No tenia fines políticos propiamente dichos: organizábamos reuniones para oír tratar un tema determinado por un personaje competente, eran reuniones de información, no de acción.”

Trabajo en Cataluña impartiendo clases de francés y en 1935 tuvo un hijo. 
En 1937 Francia se encontraba en una atmosfera llena de alergia al celebrar el triunfo del Frente Popular, siendo estos años decisivos en la conformación de su visión de la historia. Los hechos y la imagen de los hechos, solo adquieren importancia para el historiador, si son interpretados los signos.

Capitulo 3

En este capítulo Villar sigue con sus experiencias de cuando se hacía geógrafo donde uno de los procedimientos utilizados le llamaban "Excursión Geográfica" la cual podría durar algunas horas o algunos días. A veces se trataban de simples salidas de estudiantes de campo.

En 1929 y en 1930 tuvo que preparar el concurso de agregación y realizar el servicio militar, conoció a Gabriela Berrogain. 15 de Diciembre de 1930, Villar se refiere a esta fecha como el fin de la primera etapa de su vida. Su etapa de formación, de aprendizaje. Ese mismo día viajo a España
El problema del historiador es 
saber examinar las causas de 
un fenómeno, en la apreciación
de sus circunstancias y en la 
observación de sus consecuencias. 
No se trata de reconstruir la historia, 
sino de revivir algunas impresiones.

En fin aquí Vilar cuenta todas las situaciones vividas durante sus constantes viajes por motivos de trabajo de España y el regreso con su familia a Francia.
En 1940 Francia fue derrotada y su hijo enfermo, le inyectaron los primeros antibióticos distribuidos por el instituto Pasteur.
Al final por los problemas que tuvieron los judíos y por la derrota de Francia sus amigos buscaron refugio en su casa, se desato la guerra en donde estaban viviendo y fueron desalojados y huyeron a Montpellier donde el tenia familia y hay consiguieron quedarse mientras el partía a Alsacia.
Al empeorar las condiciones de vida, fueron cambiados a un nuevo campo en Polonia. Después de dos años fueron transferidos a otro campo, donde tenían más libertad, su esposa le mandaba por correo ropa y documentos para poder escapar, pero fue capturado antes de subir al tren, ese mismo día 20 mas habían tratado de escapar sin éxito.
Fue cambiado a Hungría y fue liberado después de un año, regresó a París en Mayo de 1945.

En esta parte, Vilar nos narra lo que vivió durante la Segunda Guerra Mundial.
Después de cierto tiempo en las áreas de guerra, un día su grupo fue sorprendido en una emboscada y fueron llevados como prisioneros a Alemania, al día siguiente se firmó un armisticio, el cual esperanzaba a los presos de quedar libres, pero para Alemania la guerra había terminado. En este campo de concentración estuvo más de un año, por lo cual decidieron ocupar su tiempo en discusiones filosóficas, históricas e intelectuales.

¿Que es Historia?

La Historia es la ciencia que estudia y sistematiza los hechos más importantes y transcendentales del pasado humano. Dichos sucesos son analizados y examinados en función de sus antecedentes, causas y consecuencias, y en la acción mutua de unos sobre otros, con el propósito de comprender correctamente el presente y de preparar el futuro. Estudiar la Historia no es un simple ejercicio memorístico, cargado de hechos, nombres, lugares y fechas sin conexión alguna. La Historia es ante todo, la posibilidad que el ser humano tiene para conocerse a si mismo. Es indagar en el pasado para comprender el porque de nuestro presente, y sobretodo, ver el hombre en su dimensión; sus aciertos, sus errores y la capacidad que la humanidad tiene para ser una especie más perfecta, mejor organizada y más justa.

Las personas que se encargan de reconstruir y explicar los hechos del pasado, han utilizado fuentes de información como ayuda. Entre ellas tenemos la historia escrita, también conocida como historio grafía, que comprende de relatos escritos como memorias, cartas, literatura, archivos de tribunales, asambleas legislativas, instituciones religiosas, etc; y la información no escrita que se obtiene de los restos culturales o materiales de civilizaciones desaparecidas, tales como los elementos arquitectónicos, pintura, artesanía, etc.
La historia como toda ciencia social, requiere para la comprensión de los fenómenos que abarca y su interpretación, del auxilio de otras ciencias y disciplinas sociales que nos permitan comprender los hechos históricos en su dimensión total; por ejemplo, la ayuda de la arqueología, paleontología,cronología, mitología, economía, antropología, entre otros.
Pueden indicarse o señalarse tres formas de clasificar la historia: por grupos humanos y regiones geográficas (historia universal o general, continental, nacional, regional, de las ciudades); por temas y actividades (historia económica, política, de las ciencias, del derecho, del arte, etc.) y por orden cronológico de edades y periodos (prehistoria, protohistoria e historia).